A veces pareciera que me mira el sujeto este como si sólo fuera pelo negro. En otras oportunidades sólo observa con detenimiento cuando se reacciona como él intuye (e imagina en su cabeza que será grandiosamente gracioso) y puede calmar sus necesidades de control, de tener la seguridad casi instantánea de lo que ocurrirá, tal cual él imagina. Y, desafiando al colmo de lo bruto, me pide con mucha ternura que deje de ser yo, que mis maneras son las más inadecuadas mientras que las suyas obedecen a todas las reglas de armonía y convivencia, de amabilidad y buen orden, de tino y buen criterio.
Aún creo que tienes razón. O razones.
Pero la vida no es verde, ni la cerveza dorada.
Sigue siendo distante, ciego y reprimido.
Con eso puedo lidiar.
Tus filtros son tuyos. Tuyos.
No busques en mí un edecán.
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